Crónicas inenarrables para paradojas mañaneras: introducción.
Prólogo.
Estimado lector, si ha entrado aquí no pretendo faltar el respeto a su inteligencia, porque todo lo que pueda contarle sobre estos seres no serán estos seres. La filosofía, que es la más sabia de las ciencias, utiliza la palabra "apofatismo" para el estudio de entidades de las cuales sólo podemos decir lo que no son, pues no hay conceptos humanos, por más arquetípicamente perfectos que sean, que sirvan para describirlos.
He aquí que nos encontramos con una paradoja, si tratamos con seres inefables, cuyo poder es tanto que ni siquiera pueden ser narrados, ¿Como ha de ser posible que yo les esté narrando en esta historia? Podría justificárlo todo diciendo que es gracias a mi don como quinto jerarca, pero entonces tendría que explicarte las jerarquías y como el infinito se eleva al infinito, y como cualquier número que pienses estará siempre más cerca del infinito que de cero, y mucho me temo que podría acabarse el universo antes de que siquiera entendieses el 1% de todo lo que eso implica.
Visto así mi tarea es complicada, prácticamente estoy tratando de explicarle física cuántica a un niño de primaria, aunque ojalá ese fuese el caso, pero no puedo dejar de sentir que esa no sería una comparación justa, el niño de primaria no entenderá física cuántica al momento de que se lo explique, pero crecerá y tarde o temprano desarrollará la capacidad de entender aunque sea un poco. No, mi papel es más parecido a intentar explicarle la importancia histórica del Quijote a una piedra para que haga una tesis doctoral al respecto.
Pero no subestimaré a quien decide dedicar su tiempo al leer este escrito, aunque a fines prácticos jamás lo entienda, porque desconocer la naturaleza de algo no evita que su estudio sea interesante. Podemos decir que no sabemos nada como otros grandes filósofos dijeron, y de esa paradoja podremos saber algo que nos ayudará a entender todo lo que viene.
Puesta cada idea en su sitio, digamos que de haber, había un monstruo, y por cada monstruo, un poeta que los enfrentaba. No estaban en un lugar palpable, estaban en un mar de gotas incognoscibles, y cada gota brillaba como el oro, y ese oro daba valor a las jerarquías. Los monstruos y los poetas eran infinitesimalmente pequeños, pero eso no les importaba, porque eso quería decir que al navegar, siempre encontrarían algo nuevo.
Estos seres no viven en paz, tampoco se puede decir que son malos, ni siquiera podemos decir que "son", pero están. Algunos poetas se asentaron en sus propios espacios, algunos monstruos buscaron poetas que matar, y todos ellos fluían a través de unas corrientes que eran la historia de todo lo que puede y no puede ser narrado, y esa corriente era la rueda. Así son las cosas, y así las contaré, acompáñenme a descubrirlas.

Comentarios
Publicar un comentario